Como vivia la clase alta de Finales del Siglo XIX? , LUGARES DE DIVERSION: La “Dolce Vita” en el Siglo XIX. Paseos , El viaje a Europa, Creacion de Mar del Plata. La Moda masculina y femenina de finales del siglo XIX.

. LUGARES DE DIVERSION: La “Dolce Vita” en el Siglo XIX
Antes de 1880, la elite porteña no tenía paseos públicos, circo de carreras, juegos atléticos ni ningún otro atractivo que permitiera la distracción. Sin embargo, a partir de fines del siglo XIX se crean los clubes sociales y se comenzó a jugar al criquet, fútbol y la práctica del atletismo.
En este sentido la alta sociedad porteña del siglo XIX desplazó los entretenimientos de origen campero o los heredados de España y fue adoptando directamente, el estilo de la sociabilidad europea. De la misma manera, el exhibicionismo de los salones fue reemplazando los paseos por el Parque Argentino, por el Retiro y por los camdombes morenos; las carreras de sortijas y cuadreras fueron cayendo en el olvido para dejar paso a las carreras de caballos.
El uso del tiempo libre en actividades superfluas está sujeto en el caso de la oligarquía a un complicado ritual, que tiene por objetivo la ostentación de las riquezas.
El apogeo económico de fines de siglo trajo un cambio en las costumbres y el ritual del ocio se organizó en forma más pomposa. La calle Florida era el centro de reunión obligada de la clase aristocrática, así como los paseos a la Recoleta o a las Barrancas de Belgrano.
Sin embargo, el principal entretenimiento estaba dado por el “Corso de Palermo”, las tardes de los jueves y los domingos. Cuatro filas de coches, tirados por animales de raza, iban y venían en un tramo de tres cuadras por la actual Avenida Sarmiento, intercambiando en cada vuelta la ubicación para que todos pudieran cruzarse con los otros.
La ceremonia tenía sus reglas fijas: en la primera vuelta se saludaban, en las siguientes fingían no verse y en la última se hacía el saludo de despedida.
Los “niños bien” por su parte hacían ostentación de la inmunidad que gozaban por la posición de sus padres, dandole una paliza a algún pobre sereno o provocando escándalos nocturnos en los teatros de variedades, en los café concerts, en lo de Hansen. Esos “niños bien” habían pasado por Europa, dejando sus medidas a los sastres más famosos de París y de Londres.
El rito de los paseos no era completo sino culminaba con la ida a una confitería para saborear un buen té, acompañado de masas y sandwichs, donde además se disfrutaba del ambiente. Algunas de ellas estaban ubicadas en el centro de la ciudad y otras en los barrios como en el caso de “Las Violetas”, ubicada en el centro de Almagro.
Las confiterías de moda fueron: “La del Gas” en Rivadavia y Esmeralda, y “La Perfección” en la calle Corrientes. Años más tarde, cuando comienza el auge del Barrio Norte surgen “El Aguila” de Callao y Santa Fé, y la “París” de Charcas y Talcahuano, fundada en el año 1895 por Pedro Verseci. Este último era el único lugar “decente” para mostrarse los sábados y que sirvió de refugio a los políticos
conservadores, que consideraban para su gusto a la del Molino demasiado frecuentada por radicales y socialistas.
Con respecto a la confitería “Los Dos Chinos”, ubicada en la esquina de Alsina y Chacabuco fue fundada en 1862 por Carlos Gontaretti. Al estar ubicada cerca de la redacción de la revista “Caras y Caretas” tuvo una clientela de escritores, artistas y políticos. Entre sus habitués podemos mencionar a Rubén Darío y Leopoldo Lugones. Del mundo de la política fueron asiduos concurrentes presidentes como Bartolomé Mitre, Domingo Faustino Sarmiento, Julio A. Roca y Roque S. Peña.
La confitería “El Molino” abrió sus puertas en 1859 bajo el nombre “Confitería del Centro”. Estaba ubicada en la esquina de Rodríguez Peña y Rivadavia. Desde su esquina privilegiada, siguió de cerca los abatares de la historia argentina. De esta manera, durante la Revolución del ‘90 buscaron refugio varios combatientes. Por décadas sirvió de punto de reunión de los parlamentarios, especialmente representantes del radicalismo y del socialismo. Entre ellos podemos mencionar a José Ingenieros, Alfredo Palacios, José F. Uriburu, Marcelo T. de Alvear, entre otros. Todos ellos degustaban el exquisito café y la repostería, así como también su afamado postre imperial ruso que tenía la imágen de un águila bicéfala.
La confitería “Las Violetas” fue inaugurada en 1884. A su inauguración asistió Carlos Pellegrini. Se caracterizó por sus mesas de marmol, gruesas columnas, vitrales, sus mozos de rigurosa etiqueta, las arañas de bronce con caireles de cristal tallados y las guirnaldas de estuco. Las especialidades de la casa fueron el café vienés servido en vaso cívico o los deliciosos brioches.
Cada uno de estos lugares tradicionales de Buenos Aires, más allá de sus especialidades en repostería y cafetería contaban con un público definido así como de un estilo en su decoración que las distinguía respecto de las otras.
En la “belle epoque” comienza la moda de los viajes a Europa, principalmente a París. Y allí veraneando en Deauville, la oligarquía concibe por primera vez la idea de crear una ciudad balnearea cerca de Buenos Aires, surgiendo así Mar del Plata, y en 1887 se inaugura el Bristol Hotel, que constituirá uno de los más importantes lugares de reunión de la oligarquía de esos años, donde se celebraban importantes bailes.

3.a. Paseos:
La Avenida de las Palmeras, en Palermo, y el Paseo de la Recoleta representan los ámbitos preferidos para ostentar los lujosos carruajes y despertar la admiración o la envidia de los transeúntes. El mantenimiento y la compra de caballos y coches, en su mayoría importados insumían inmensas fortunas.
Con respecto a los carruajes, rivalizaban los landeau, las victorias y los coupés, fabricados con detalles principescos en Londres o París, que tirados por troncos de caballos de las mejores razas del mundo transportaban a las mujeres de la clase alta lujosamente ataviadas.
Es en esta época en que empiezan a ponerse de moda los paseos por los bosques de Palermo, las excursiones a las quintas de Acasusso, Flores, Adrogué, Temperley, Ramos Mejía, San Isidro y Lomas de Zamora.
En Buenos Aires a los sitios ya mencionados se suman las veladas teatrales (en los teatros Colón, Nacional y Opera) y los veraneos en las quintas y en las playas de Montevideo y Mar del Plata.
• El viaje a Europa:
El viaje a Europa constituye uno de los indicadores de la posición social de la aristocracia. En este sentido se agrega al proceso de aristocratización y de refinamiento de los estancieros enriquecidos.
De esta manera el viaje al nuevo mundo (de manera especial a Francia) se transforma en una verdadera fiebre. El viaje a Europa se divulgaba por medio de la prensa periódica.
Asimismo, muchos jóvenes argentinos estudiaban por aquellos años en colegios de Francia o Gran Bretaña.
Podemos deducir que tanto los estudios como el viaje a Europa eran una variante del ocio porteño y ambos símbolos de la posición social. El viaje es considerado un importante elemento de socialización de los sectores dominantes de esa época.
Un factor importante en la difusión del viaje a Europa fue la modernización en el transporte; en este sentido podemos afirmar que como medios de locomoción se utilizaba el tren, los barcos a vela que luego fueron reemplazados por modernos vapores.
El furor del viaje al viejo continente consistía en que los viajeros del ‘80, siendo hombres de elite sintieron la necesidad de conocer las fuentes mismas de lo que se les había inculcado desde pequeños. En efecto, llegan a Europa con un gran caudal de conocimientos y luego de largas actuaciones públicas necesitan conocer directamente todo aquello sobre lo cual habían oído hablar.

3.b. Fiestas:
Las fiestas de la época comenzaban y concluían temprano. Los dueños de casa se esforzaban por brindar un buen rato de esparcimiento a sus relaciones.
La sencillez en las fiestas va desapareciendo. Sin embargo, las orquestas todavía poco numerosas amenizaban los bailes.
Además de los bailes en casas particulares las fiestas más famosas tenían lugar en el Club del Progreso y en el Club del Plata, formados por caballeros de la primera sociedad. A partir de 1880 en las reuniones del Club del Progreso hacen su entrada en sociedad las niñas de las principales familias.
Asimismo los salones particulares abren sus puertas, entre ellos podemos mencionar por ser los más importantes, los de Gabino Salas y Magdalena Dorrego de Ortíz Basualdo.
También era importante la Fiesta de la Recoleta, fiesta tradicional celebrada el 12 de octubre, día de Nuestra Señora del Pilar. Duraba en su origen una semana, y a la misma concurrían gente de la más alta sociedad.

3.c. Veraneos:
Los veraneos representan otra de las formas propias de la intimidad social de los sectores dominantes. Los mismos ponían en contacto a las familias, permitiendo la posibilidad de un noviazgo. Además de las quintas, próximas a Buenos Aires, y las playas de Montevideo se agrega, a partir de 1888, Mar del Plata.
El veraneo es otra actividad simbólica de la clase alta pues los sectores medios y bajos no concurren a dicha ciudad balnearea.
En efecto podemos afirmar que el Río de la Plata constituyó un centro de esparcimiento veraniego para la gente que conocía los adelantos europeos. Esta situación se agiliza a partir de 1886 con la inauguración de la vía férrea a Mar del Plata que permite el arribo del primer grupo de veraneantes a la manera europea.
En cuando al mar y a los deportes playeros los argentinos no sabían casi nada y preferían quedarse en la costa a prudente distancia. En Mar del Plata se desperezaba hacia fines del siglo pasado una sociedad que había empezado a formarse.
El veraneo en las quintas fue también un hábito importado, una costumbre traída por los comerciantes ingleses que, siguiendo su inclinación a residir lejos del lugar de trabajo, construyen hermosas quintas en los suburbios de la ciudad de entonces.
Después de la epidemia de fiebre amarilla de 1871, esa costumbre se desarrolló, y Adrogué se constituyó en lugar de moda con perfiles veraniegos, en competencia con las zonas de Belgrano, San Isidro, San Fernando, Tigre, Lomas
de Zamora, Quilmes y San José de Flores. Los jardines de las quintas eran muchas veces trazados por los llamados “paisajistas” europeos.
En esas quintas durante las mañanas y en los atardeceres grupos de hombres y mujeres practiban el croquet, juego de origen inglés que durante años fue uno de los pasatiempos favoritos de la aristocracia porteña.

3.d. Hipódromos: Argentino y de Palermo:
En el Hipódromo Argentino se realizaban cinco reuniones por mes, corriéndose nueve carreras en cada reunión. El número de personas que concurre es siempre crecido. En este sentido, podemos afirmar que el espectáculo de carreras hípicas es una de las características dominantes de Buenos Aires y la pasión de sus habitantes.
Con respecto al Hípodromo del Jockey Club, el mismo funcionaba como un apéndice del Club y reunía a miembros de la alta sociedad porteña.
El Hipódromo de Palermo se inauguró en mayo de 1876. Era manejado por una Junta Directiva entre cuyos miembros estaban Carlos Pellegrini y Emilio Mitre. El establecimiento tuvo por finalidad contribuir al esparcimiento de la sociedad porteña y además fomentar la raza caballar. Durante los primeros años las reuniones de carreras eran esporádicas y dependían del estado del tiempo.

3.e. El Teatro Colón:
El Teatro Colón fue, desde su creación, el lugar de reunión preferido por la oligarquía porteña.
Lucio V. López, en el libro mencionado anteriormente, nos dice: “… una noche clásica de opera, en el Colón reune lo más selecto que tiene Buenos Aires en hombres y mujeres … en la cazuela no queda títere con cabeza: la misma alberga a solteronas y a doncellas”..
El nuevo Teatro Colón tuvo un estilo francés, de modo tal que fue copia de la Opera de París.
“… Entre sus principales abonados se encontraban los grandes apellidos de la oligarquía argentina: Anchorena, Roca, Juarez Celman, Alvear, Saldías, Güiraldes, Mitre, Pueyrredón, etc …”.
Ya la arquitectura del teatro muestra bien a las claras su sentido clasista. El amplio espacio que separa una fila de butacas de otra, en la platea, se va acortando a medida que se asciende, y termina por volverse estrecho hasta la incomodidad en el paraíso. Por otra parte, no hay acceso del paraíso a los pisos bajos para evitar, de esta manera, la mezcla del público.
3.f. La moda:
Si consideramos a la moda como una manifestación de la clase dominante dentro de una sociedad clasista, la oligarquía del ‘80 mostró predilección por la elegancia entendida como el culto por las cosas antiguas y relacionada con el gusto europeo (línea francesa e inglesa).
De esta manera, la elite dirigente encargaba su vestuario a los mejores sastres de Inglaterra y Francia en sus frecuentes viajes.
Podemos decir que el estilo de la indumentaria representaba otro de los símbolos que indicaban la posición y el poder de la clase social dominante. En efecto, la aristocracia no permite que se use el vestuario y los objetos suntuarios que le son propios.
En este sentido, ya en la decada del ‘60 tanto los periódicos como las revistas informan a los lectores sobre la moda europea a través del sistema de catálogos que permitía a las mujeres del interior del país estar al tanto de los avatares de la moda.
• Moda femenina:
Las mujeres dan más importancia a la estética de su ropa interior. Los periódicos anuncian la lencería importada de Francia y los trajes de baño llegados de París. También observamos un mayor interés por la cosmética femenina. En este sentido se anuncia la venta de polvos depilatorios, importados, como así también cepillos de dientes, agua de colonia, polvos para el rostro, cisnes, brillantinas para el pelo y jabones.
• Moda masculina:
En relación a los hombres, es de rigor vestir de etiqueta para asistir a los bailes realizados en los salones de las casas o en el Club del Progreso. En invierno se pone de moda la “pelisse” (abrigos de cuello alto) forrados de arriba a abajo en piel de loutre y que usan los más elegantes. Son norma las levitas, los jaquets y los chalecos blancos o de fantasía, los altos cuellos palomita, las corbatas plastron con su infaltable alfiler de piedra o diamante.
Además, se usaba la galera de felpa y el bastón de caña o madera con puño de oro, plata o marfil.
Esta indumentaria cambiaba en verano, cuando los caballeros de la más rancia aristocracia lucían traje blanco de hilo y los cannotiers de paja o chambergos.
3.g. Deportes y juegos:
El criquet, juego practicado por la elite del ‘80, toma impulso con la creación del Criquet Club producida en el año 1861, y la consiguiente habilitación de la cancha de Palermo.
Unos años más tarde, en 1866, se realizó el primer torneo de atletismo, y al año siguiente se fundó la Buenos Aires Atlethic Society y comenzaron con mayor regularidad las prácticas de salto en alto y largo, las carreras a pie sobre 100 y 440 yardas, las carreras con obstáculos, el lanzamiento de disco y martillo y los saltos con garrocha.
A partir de 1860 se van incorporando con gran predicamento entre los alumnos de colegios británicos otras actividades deportivas como el tenis, el golf, el polo, el boxeo y el yatching.
También se debe a la influencia británica, francesa y norteamericana, el arraigo de juegos de naipes como el poker, el bridge, el baccarat y el rumnie, que desplazaron a los juegos de origen español o criollo en las preferencias de los jugadores de la clase alta

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  1. Corina Harry dijo:

    Necesito información sobre qué hacía con sus niños las clases acomodadas a fines del siglo XIX y primeras décadas del XX, en cuanto a vestimenta, inclusión en el esparcimiento familiar, etcétera. Agradecería que me orienten donde encontrar información al respecto. Gracias. Corina Harry

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