LA ENSEÑANZA SECUNDARIA : NACIONAL Y NORMAL.El Colegio Nacional de Buenos Aires. Periodo de 1862- 1915

LA ENSEÑANZA SECUNDARIA : NACIONAL Y NORMAL
El Colegio Nacional de Buenos Aires
Sabemos que la presidencia de Bartolomé Mitre (1862-68), a pesar de los problemas externos e internos, indica un período de progreso educativo. Su ministro de Instrucción Pública, Eduardo Costa,destacando uno de los propósitos fundamentales de la tarea a realizar, afirmó que la difusión de la enseñanza es la primera de nuestras necesidades.
La obra cultural de esta presidencia es importante en materia de enseñanza secundaria. El gobierno nacional solicitó a las provincias diversos informes con el propósito de llevar a cabo las reformas educativas que el progreso del país exigía, y se enviaron comisionados hacia algunas ciudades del interior. A Córdoba marchó el doctor Eusebio Bedoya, quien a su regreso presentó un informe sobre el Colegio de Monserrat y la Universidad de San Carlos. Otro enviado —Domingo Vico— se trasladó a Entre Ríos para luego elevar un estudio referente al colegio de Concepción del Uruguay.
En esa época, los únicos establecimientos secundarios dependientes de la Nación en todo el país, eran los colegios de Monserrat y del Uruguay, y en Buenos Aires, el Colegio Seminario y el Departamento de Estudios Preparatorios de la Universidad. Una vez estudiados los datos requeridos, el Poder Ejecutivo dispuso abrir un establecimiento secundario que sirviera de modelo a otros posteriores. Por decreto del 14 de marzo de 1863, el presidente Mitre creó el Colegio Nacional de Buenos Aires —en base al Colegio Seminario— como casa de educacion científica preparatoria, en que cursarán las letras y humanidades, las ciencias morales y las ciencias físicas y exactas. La expresión “preparatoria” aludía a los estudios superiores que podían cursarse en la universidad.
El histórico edificio donde se instalaría el nuevo colegio fue sometido a diversos trabajos de reparación, a cuyo término otro decreto dispuso que el día 8 de mayo sería abierto al servicio público.
El Colegio Nacional se organizó en base al Seminario Eclesiástico que funcionó hasta ese momento en el vetusto edificio contiguo a la iglesia de San Ignacio, con entrada por la calle Bolívar. Recordemos que desde la época de los jesuitas, el solar fue llamado popularmente Manzana de las Luces (actuales calles Alsina, Perú, Moreno y Bolívar) pues allí se habían instalado los principales centros de cultura porteña.
En el histórico edificio que ocupó el nuevo establecimiento habían funcionado el Colegio Grande o de San Ignacio y los Reales Estudios, más tarde —en 1783—, el Real Colegio de San Carlos. Después de las invasiones inglesas, los claustros fueron utilizados para cuartel, pues sirvieron de alojamiento al cuerpo de Patricios.
En el período independiente, el Director Supremo Pueyrredón fundó en el edificio el Colegio de la Unión del Sur, que en épocas de Rivadavia se llamó Colegio de Ciencias Morales y en 1829, Colegio de la Provincia de Buenos Aires, que cerró sus puertas al año siguiente.
En enero de 1854, el gobernador Pastor Obligado creó el Colegio Seminario o Eclesiástico y nombró rector al canónigo José Eusebio Agüero.
El establecimiento se llamó Nacional para indicar que, superados los dolorosos años de la separación bonaerense, las puertas estaban abiertas a todos los escolares del país. Constituida la Nación, era necesario democratizar y unificar la cultura de la juventud, ya fuera porteña o provinciana. Fue designado rector Eusebio Agüero, que había ocupado igual cargo en el Seminario Eclesiástico, el cual fue suprimido para dar lugar a la apertura del nuevo colegio. El citado sacerdote —que falleció en 1864— sólo se ocupó de los asuntos administrativos, correspondiendo los méritos de la dirección escolar al educador francés Amadeo Jacques, un destacado pedagogo.
Jacques escribió una Memoria donde figuran sus principios educativos. Sostuvo que la enseñanza secundaria no sólo debía constituir un paso previo a la universidad, sino también facultar a los jóvenes para un eficiente desempeño ante las exigencias de la vida.
Fue partidario de adaptar las teorías pedagógicas foráneas al medio argentino, al expresar: No imitemos a la Europa en sus desaciertos mismos y aun cuando acierta, cuidemos de que las circunstancias, en medio de las cuales nosotros vivimos, son diferentes y requieren distintas medidas.
El Colegio Nacional admitía alumnos internos y externos y fueron creadas cuarenta becas para favorecer a los jóvenes de las provincias. El plan de estudios a cumplir en cinco años se basaba en un profuso enciclopedismo con materias de letras, humanidades y ciencias. Al término de la carrera se otorgaba el título de bachiller. Con el trascurso del tiempo, el plan de estudios sufrió numerosas modificaciones. En diciembre de 1864, el presidente Mitre dispuso la apertura de otros cinco colegios semejantes al de Buenos Aires, en las ciudades de Catamarca, Salta, Tucumán, Mendoza y San Juan.
Luego de la muerte de Jacques, los rectores del Colegio Nacional de Buenos Aires fueron: Alfredo Cosson (1865-76), Jose Manuel Estrada (1876-83), Amancio Alcorta (1883-90), Adolfo F. Orma (1890-92), Valentín Balbín (1892-96), Juan P. Aguirre (1896-1900), Manuel B. Bahía (1900-02) y Enrique de Vedia (1902-11). En el trascurso del rectorado del último, fue demolido el antiguo edificio del colegio y se inició la construcción del actual. Además y a causa del aumento gradual de alumnos producido en Buenos Aires, se crearon cuatro secciones: la Norte, Sur, Oeste y Noroeste, que luego serían los colegios nacionales llamados Sarmiento, Rivadavia, Moreno y Avellaneda, respectivamente.
En 1911 el Nacional Central —así denominado entonces para diferenciarlo de los mencionados—fue incorporado a la Universidad, lo que motivó la renuncia del rector Enrique de Vedia (año 1912). En cuanto a los colegios anexos, pasaron a depender del Ministerio de Justicia e Instrucción Pública.
Las primeras escuelas normales
La escuela normal surgió en nuestro país por la necesidad de formar maestros capacitados en la enseñanza elemental. El nombre de estos establecimientos deriva —probablemente— de norma, y en ellos se explicaban y practicaban los procedimientos pedagógicos destinados a la educación de los niños. La historia de la escuela normal argentina, establecida en Paraná en el año 1870, es bastante extensa y en ella figuran diversos intentos que no prosperaron.
En épocas de Rivadavia se realizaron los primeros ensayos para la creación de escuelas normales en el país. Una especie de escuela primaria superior orientada por el sistema lancasteriano abrió sus puertas por decreto de Las Heras —3 de diciembre de 1825— y fue dirigida, en distintas épocas, por los educadores Mariano Cabezón y Pablo Baladia. El establecimiento —anexado a la Universidad— funcionó breve tiempo.
Otros dos intentos tampoco pudieron llevarse a cabo. Uno debido a la Sociedad de Beneficencia de Buenos Aires que en 1823 abrió en la parroquia de Monserrat una escuela normal. De efimera existencia, la dirigieron Cecilia Rivas y Carmen Reissig. El otro proyecto fue una escuela normal para la enseñanza elemental dispuesto por decreto del mes de abril de 1852. Fue nombrado regente Marcos Sastre,y administrador, Germán Frers. El plan de estudios abarcaba veinte asignaturas y no expedia título de maestro o preceptor sino de “doctor”, al igual que la enseñanza universitaria. Más tarde la dirigió la norteamericana Inés Tregent, hasta que cerró sus puertas en 1876.
El gobernador de la provincia de Buenos Aires, Mariano Saavedra, fue un funcionario emprendedor en materia educativa. Por decreto del 20 de junio de 1865 dispuso crear una Escuela Normal de Preceptores y para llevar a cabo su propósito contó con el edificio de la Escuela Modelo (hoy Reconquista 440), en la parroquia de Catedral al Norte. Designó director a Marcos Sastre, y vicedirector aEnrique Santa Olalla. El proyecto no alcanzó mayor importancia y el establecimiento funcionó pocos años. Se sabe que terminaron los estudios normales sólo siete alumnos.
De trascendencia en la historia de nuestra enseñanza secundaria es la ley del 6 de octubre de 1869, por la cual el Congreso de la Nación autorizó al Poder Ejecutivo a establecer escuelas normales en Paraná y Tucumán Sobre la base de la citada ordenanza y por decreto que firmaron el presidente Sarmiento y su ministro Avellaneda —13 de junio de 1870— fue creada la Escuela Normal de Paraná, con el propósito de formar maestros competentes. De acuerdo con el plan de estudios, abarcaba dos ciclos: el primario, destinado a la práctica de la enseñanza, y el secundario o normal. Este último debía cumplirse en cuatro años y el elemental en seis. Trataba de equilibrar los tres aspectos de la educación: el físico, el intelectual y el moral, a imitación de la pedagogía spenceriana. La religión no figuraba como materia de enseñanza, pero sí la instrucción moral.
Puesto que no había en nuestro país personas capacitadas para enseñar en el establecimiento, Sarmiento nombró director al profesor norteamericano Jorge Stearns y contrató a otros educadores de la misma nacionalidad para que se hicieran cargo de las cátedras. Conviene aclarar que desde el primer grado de la Escuela de Aplicación se enseñaría a los niños el idioma inglés.
Las clases se iniciaron el 16 de agosto de 1871 con un ambiente no propicio, debido al malestar que provocó entre los padres del alumnado la exclusión del catolicismo como materia de enseñanza y la presencia de los docentes extranjeros contratados. La oposición sostuvo que la escuela contrariaba el sentir nacional. Recién en 1874 fue nombrado el sacerdote Domingo Rosales para que dictara moral, instrucción cívica y religión, aunque la última asignatura sin carácter obligatorio. La Escuela Normal de Paraná inició los cursos regulares del magisterio en nuestro país, sobre bases liberales y positivistas. Los dos primeros maestros se graduaron en 1874 y se llamaban Félix Avellaneda y Delfín Jijena.
Al término del período presidencial de Sarmiento y por iniciativa del gobernador de la provincia de Buenos Aires Mariano Acosta, la Legislatura dispuso en 1874 la creación de dos escuelas normales. Una de varones, dirigida por Adolfo Van Gelderen, y otra de mujeres, a cargo de Emma Nicolai de Caprile. Su existencia no fue muy próspera, hasta que ambos establecimientos fueron nacionalizados en el año 1880.
La Escuela Normal de Tucumán, creada en base a la ley de 1869, abrió sus puertas el 25 de mayo de 1875 y también fue planeada por el norteamericano Jorge Stearns. Luego la dirigió su hermano Juan contratado en Estados Unidos junto con las profesoras Lucía Wade, Ana Ward y Ana Rice.
En 1877 se creó en Jujuy una escuela normal para niñas, al año siguiente otra en Catamarca y también en 1878 abrió sus puertas la Escuela Normal para niñas de Mendoza. En 1879 se establecieron escuelas normales en Rosario, Tucumán y San Juan. En 1881 se fundó en Salta la Escuela Normal de Maestros y en 1884 abrieron sus puertas establecimientos similares en Córdoba y La Rioja. Cuando se sancionó la ley 1.420 de educación común, todas la capitales de provincia contaban con escuelas normales nacionales.
En febrero del año 1886 el presidente Roca promulgó un nuevo plan de estudios, en base al dictamen de una comisión nombrada al efecto.
Las escuelas normales se dividieron en dos categorías: las elementales o de maestros, con tres años de carrera, y las superiores o de profesores, con cinco años de estudios. Entre las últimas figuraban las escuelas de Paraná y de la Capital Federal. Por un decreto del mes de diciembre de 1887, firmado por el presidente Juárez Celman y su ministro Posse, se dispuso la aplicación de diversos cambios al plan de estudios, entre ellos, otorgar —con la aprobación del segundo año— el titulo de subpreceptor normal.
Desde fines de 1910 hasta comienzos de 1916, las escuelas normales dependieron del Consejo Nacional de Educación. Entre las modificaciones que caben citar figura el plan aplicado en marzo de 1905, que estableció en cuatro años la carrera del magisterio y dos más para obtener el título de profesor. En 1914 los estudios del profesorado se ampliaron a tres años con la especialidad de Ciencias y Letras. Desde esa época, muy pocas fueron las variantes introducidas para los estudios normales.

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