SEGUNDA PRESIDENCIA DE MENEM

A lo largo de 1994, mientras se reformaba la Constitución, empezaron a notarse las dificultades que provocaba la suba de las tasas mundiales de interés. Por entonces el Ministro Cavallo lanzo la llamada Segunda Reforma del Estado, con nuevas privatizaciones- entre ellas, las centrales nucleares y el Correo. Frente a él, los gobernadores y otros sectores del peronismo histórico afirmaron que había llegado la hora del reparto, de atenuar el rigor del ajuste y de actuar en función de las próximas elecciones. Eduardo Duhalde, que acababa de lograr reformar la Constitucion de Buenos Aires para habilitar su reelección, fue una de las voces destacadas en esta campaña de peronización del gobierno. El presidente fue totalmente solidario con su ministro, sobre todo al sentirse, a principios de 1995, los efectos de la crisis mexicana del tequila.

El gobierno de este país devalúo su moneda, y en un clima de mucha sensibilidad, hubo un retiro de fondos internacionales de la Argentina.
La vulnerabilidad de la economía se manifestó con toda su fuerza: se precipitaron el déficit fiscal y la recesión, y la desocupación trepo al insólito nivel del 18%. El gobierno actuó rápida y eficientemente: hubo una poda presupuestaria, reducción de sueldos estatales, fuerte aumento de impuestos, y un consistente apoyo del FMI y el Banco Mundial. La economía no se desmorono, pero la recesión fue prolongada.
En lo inmediato, la crisis le dió una fuerza a la campaña recepcionista, pues Menem paso a encarnar el orden y la estabilidad.
Allí mismo comenzó el declive. Hasta entonces Menem manejaba la pelea bien preparado en el centro del ring como los buenos boxeadores. Pero desde el comienzo de su segundo periodo perdió la iniciativa.

En lo inmediato, quizá no se noto. La crisis del tequila, la primera advertencia seria, fue superada. Pese a la corrida, el sistema bancario pudo ser salvado, aunque a costa de una fuerte concentración y extranjerización, y retorno de una buena parte de los 6 mil millones de dólares que habían huido en las semanas iniciales del año. Las empresas pudieron superar los problemas derivados de la sobrevaluación del peso, un poco por la fuerte caída de los salarios reales, y otro por la mejora en la productividad lograda por las mas grandes, las mismas que, a diferencia del común, podían obtener fácilmente créditos en el exterior. Aparentemente volvían los buenos tiempos: el Producto Bruto, que cayo mas de un 4% en 1995, se recuperó en 1996 y avanzó con fuerza en 1997, creciendo por encima del 8%. Pero en cambio la desocupación, definitivamente instalada, no cedió un ápice, y se mantuvo apenas por debajo del 15%.

Había otro dato inquietante: la deuda externa creció de manera sostenida, y los 60 mil millones de dólares de 1992 se convirtieron en 100 mil en 1996. Definitivamente, la economía argentina estaba en terapia intensiva: dependía del flujo de capitales externos, y del humor de los inversores , que desde entonces en general fue malo, y mucho peor durante los años en que se derrumbaron varios de los mercados emergentes. La crisis del tequila, la primera advertencia seria, fue superada.
En 1995 terminaron los tiempos de la fluencia fácil de capitales externos y de la consiguiente holgura fiscal, de tendencia dominante fue la restricción, con sus conocidos efectos: suba de las tasas de intereses, recesión, penuria fiscal y de mayores dosis de ajuste y reforma. Por ese camino, quedo poco margen, con la tolerancia de los técnicos, había hecho eficazmente: distribuir un poco, compensar, acallar quejas, ganar complicidades.
El gobierno quedo atrapado entre las exigencias de mayor ajuste, para cerrar las cuentas, y los reclamos crecientes de una sociedad que iba recuperando su voz. Quien primero sintió el impacto de la nueva coyuntura fue Cavallo. El Ministro salió con éxito de la crisis de 1995. Inicio una nueva serie de privatizaciones, hizo declarar la emergencia provisional y, básicamente restringió los fondos transferidos a los gobiernos provinciales.

Muchos no pudieron pagar los sueldos de sus empleados, y finalmente se vieron obligados a realizar su propio ajuste, sacrificando algunas de sus fuentes de clientelismo: venta de empresas públicas y de bancos provinciales, reducción de la plantas de empleados y transferencia a la Nación de sus sistemas jubilatorios. Los dirigentes provenientes del peronismo tradicional se hicieron eco del fuerte malestar social, reclamaron contra una política que ahora juzgaba poco peronista y excesivamente apegada a las reglas del FMI y centraron sus baterías en el Ministerio: a principios de 1996 retacearon la aprobación de la Ley de Presupuestos y se negaron a aprobar otra, que entendía las atribuciones económicas del ejecutivo

El conflicto mayor fue el que enfrento a Cavallo y su equipo técnico con La Banda Gobernante: el vasto contingente de allegados que rodeaban al Jefe.
Con motivo de la Ley de Patentes medicinales. Cavallo sostuvo la posición norteamericana y chocó con los senadores, encabezados por Eduardo Menem, que defendía a los laboratorios locales. La privatización del Correo produjo otros enfrentamientos: según Cavallo, que era partidario de las empresas postales norteamericanas, el Congreso estaba haciendo una ley a la medida de Alfredo Yabran, el empresario postal que manejaba negocios bastos y pocos conocidos. Respaldado por el embajador y el propio presidente norteamericano, Caballo acusó a Yabran de evasor de impuestos y de mafioso: también acuso a dos ministros muy cercanos al presidente: el del Interior, Carlos Corach y el de Justicia, Elías Jassan, de amparo y manipular a ,los jueces en su favor.

Cavallo, furioso, arremetió contra todos, instaló en la discusión pública el tema de la corrupción gubernamental.
Cavallo llego hasta a mencionar al presidente, No se atreve a mirarme a los ojos, dijo. A fines de julio de 1996 Menem lo relevó y lo reemplazo por Roque Fernandez, un economista ortodoxo que presidía el Banco Central. Los mercados lo aceptaron con naturalidad y no se conmovieron.
A diferencia de Cavallo, Roque Fernández, no tenia pretensiones de político, preocupado exclusivamente por ajustar las cuentas fiscales, no se aporto un ápice de esa línea. Así subió sin piedad el precio de los combustibles, elevo el impuesto al Valor Agregado, que llego al insólito nivel del 21%, redujo el número de empleados públicos y finalmente realizó sustantivos recortes en el presupuesto. Además impulsó las privatizaciones pendientes: el Correo, los Aeropuertos y el Banco Hipotecario Nacional, y vendió las acciones de YPF en poder del estado al accionista mayoritario, la empresa española REPSOL. Resolvió todo rápidamente, con la única preocupación, de mejorar los ingresos de caja.

Cada medida de ajuste que requería una Ley tuvo que ser arduamente negociada en el Congreso, donde el ministro fracasó con la legislación sobre flexibilizaron laboral. Se trataba de una cuestión emblemática para los empresarios y para el FMI. A fines de 1996 Menem intentó sortear la resistencia del Congreso con uno de sus Decretos de Necesidad y Urgencia, que fue objetado por la justicia. En 1997, en pleno tiempo electoral, Menem dejó de lado la Reforma y pensó en los votantes: Erman Gonzalez, nuevo Ministro de Trabajo, llego a un acuerdo con los gremialistas, garantizándoles el monopolio sindical en la negociación de los convenios colectivos. La Ley así aprobada, fue rechazada por los empresarios, y Fernández exigió el veto de algunos artículos. También se opuso categóricamente a otra ley que garantizaba un fondo de mejoramiento salarial para los docentes y rechazó un ambicioso proyecto de construcción de 10 mil kilómetros de autopista, que hubiera significado un rápido descenso de la desocupación.
En julio de 1997, Tailandia devalúo su moneda, y se desató la crisis, cuando en Octubre se derrumbo la bolsa de Hong Kong
Los derrumbes siguieron: Corea, Japón, Rusia, y finalmente Brasil, que devalúo su moneda en los primeros días de 1999. Este fue un golpe duro para la Argentina, ya afectada por el encarecimiento del crédito y la caída en los precios de sus exportaciones, e imposibilitada de adoptar la solución devaluatoria. En los buenos tiempos, Menem y Cavallo habían impulsado la integración en el Mercosur, sin preocuparse por acordar en cuestiones como la política Monetaria. En 1995, la apertura del mercado Brasileño, había sido providencial para la Argentina, que exportó alimentos, petróleo y automotores. En 1997 empezaron a aparecer algunos problemas: los productores de azúcar denunciaron que Brasil hacia dumping, e impulsaron una ley arancelando su importación, que Menem vetó, preocupado por robustecer el Mercosur.

La empresas mas grandes, con mayor libertad de acción, empezaron a considerar la posibilidad de trasladarse a Brasil, o al menos, subcontratar allí parte de lo que producían.

La crisis iniciada en 1998 fue mas profunda. Todo se sumo: aumentaron los intereses de la deuda, escasez y alto costo del crédito, caída de los precios de productos exportables y recesión interna. Ese año el PBI retrocedió alrededor del 4% y la producción de automotores cayo casi a la mitad. Todo ello profundizó la trasnacionalización: varios bancos y empresas fueron comprados por corporaciones multinacionales o por grandes fondos de inversión, como EXXEL, que adquirió las empresas de Yabran. El gobierno de Menem llegó a su fin sin margen siquiera para ser beneficencias electorales y debió cerrar su presupuesto con un déficit tan abultado que no se atrevió a declararlo. La deuda externa trepara por entonces a 160 mil millones, el doble que en 1994.
Menem comenzó a sufrir una oposición social cada vez mas activa. Quien hasta entonces habían callado, empezaron a hablar, agitadas incluso por una oposición levantada dentro mismo del peronismo.
En 1995, fue un año critico: encabezadas por empleados públicos que cobraban en bonos de dudoso valor: en Tucumán se agrego el cierre de varios ingenios y en Tierra del Fuego el retiro de las fabricas electrónicas. Al año siguiente, la CGT , el MTA y el CTA finalmente confluían para realizar huelgas generales contra la Ley de Flexibilizaron Laboral y la política económica, el FREPASO y la UCR, impulsó una propuesta ciudadana: un apagón de 5 minutos y un cacerolazo que fue apoyado por entidades de todo tipo, e incluida la Defensora de Derechos Humanos. Por entonces cambiaron las autoridades de la Conferencia Episcopal, Monseñor Estanislao Karlic, mas severo, reemplazo a Quarracino, complaciente en el gobierno, y la Iglesia comenzó a sumar su voz a la protesta.

Al año siguiente los gremios docentes- la CTERA- que venían realizando infructuosamente marchas y huelgas, encontraron una nueva forma de acción, que resultó muy eficaz, instalar una carpa blanca frente al Congreso. Algo parecido, aunque en otro tono, fueron los cortes de ruta, en, Cutral Co y Tartagal, localidades de las zonas petroleras de Neuquen y Salta, muy afectadas por la privatización de YPF y los despidos masivos. Piqueteros y fogoneros- que también aparecieron en Jujuy, afectados por los despidos del Ingenio Ledesma- interrumpieron el transito, incendiaron neumáticos, organizaron ollas populares y reunieron tras de si a trabajadores desocupados, a jóvenes que nunca pudieron trabajar, y sus familiares y amigos, dispuestos a enfrentar la eventual represión a pecho descubierto, con piedras y palos. Era la movilización de los desocupados, violenta y a la vez reacia a cualquier tipo de acción organizada. El gobierno a veces apeló a la justicia y a la Gendarmería y entonces hubo violencia , heridos y algún muerto.

Los piqueteros solían contentarse con poco: ayuda en alimentos o ropa y sobre todo contratos de empleo transitorio, los PLANES TRABAJAR.
Este tipo de movilización tuvo imitadores y se acentúo a medida que avanzaba la crisis: estudiantes que cortaban las calles de las ciudades, o productores rurales que realizaban tractorazos, como en los años 70, pero esta vez ante la televisión, que era el vehículo fundamental para que la acción tuviera trascendencia y eficacia, el gobierno sumo problemas en su frente interno. La resurrección de peronismo histórico, que descubrió el problema del ajuste y la reforma, se produjo en el momento en el que se discutía el cambio del liderazgo o, mas simplemente, la selección de un candidato presidencial justicialista para 1999. En 1995, a penas pasadas las elecciones presidenciales, el gobernador de Bs As, Eduardo Duhalde, anuncio que seria candidato y empezó a desempeñarse como tal: viajo por Europa y EEUU, anuncio sus planes de gobierno y planteo su voluntad de distinguirse del modelo y recuperar las banderas históricas del peronismo.
Mientras Cavallo continuaba con sus denuncias de negocios ilícitos, ,otras manos, allegaron a los periodistas informaciones para perjudicar a sus ocasionales rivales, y los medios lo difundieron ampliamente. La profunda corrupción del grupo gobernante se hizo publica: las ventas clandestinas de armas a Croacia y a Ecuador, que complicaban a varios ministros e incluso al Presidente: los negocios de la mafia del oro, que realizaba exportaciones ficticias, la Aduana Paralela, mas tolerante que la oficial, y finalmente las coimas pagadas por la empresa norteamericana IBM a directores del Banco Nación. También hubo hechos violentos: la explosión de la fabrica de armamentos de Río Tercero, que había borrado las huellas del contrabando de armas, a costa de muchas vidas: los dudosos suicidios de un intermediario en esas ventas y de quien pago las coimas en el Banco Nación, y el secuestro y tortura de la hermana del fiscal que investigaba el caso del oro.

Hubo verdadero destape, impulsado por el peronismo indagador y facilitado por la guerra interna del peronismo. La Policía de la Provincia de Bs As, La Bonaerense, que en un momento fue calificada por Duhalde como la mejor del mundo, apareció implicada en varios casos de corrupción; robo de autos, trafico de drogas, prostitución, hasta se probó su participación en el brutal atentado a la AMIA: fue un alto jefe quien suministró el auto usado para hacer explotar el edificio. Cuando Duhalde inició su depuración, estallo el caso Cabezas, un periodista gráfico, brutalmente asesinado, cuyo cuerpo apareció en las cercanías de la residencia veraniega del Gobernador. Me tiraron el cadáver- afirmo Duhalde-. La investigación llegó rápidamente a la Bonaerense, luego al empresario Yabran, el hombre misterioso a quien Cabezas había fotografiado contra su voluntad y por último al circulo presidencial, y hasta el propio Menem, que al principio defendía a Yabran. Finalmente fueron incriminados un oficial de la Policía Bonaerense, autor material de la muerte, y el Jefe de Seguridad de Yabran, su investigador directo, cuando la justicia pidió su prisión, Yabran se suicidó de manera espectacular. Quedaron muchas cosas oscuras, pero dos resultaron claras: la Corrupción penetraba en todas las instituciones del estad , y nadie vacilaba ante los medios en la disputa por el poder y los negocios.

En Octubre de 1997, el Justicialismo sufrió una fuerte derrota en las elecciones legislativas. Perdió hasta en sus bastiones: Sta Fe, Entre Ríos y Bs. As, donde la esposa del Gobernador encabezaba la lista de Diputados. El Candidato natural, Duhalde, resulta mal trecho, Menem lo golpeó aun mas: afirmó que sólo el podía ganar en 1999, y se lanzó abiertamente a una nueva reelección, pese que esta vez nadie se mostró muy entusiasmado.
Menem no atendió a otras cosas que a destruir a Duhalde, arriesgando todo lo que el justicialismo había avanzado en su institucionalización partidaria.
Los gobernadores peronistas prefirieron tomar distancia del conflicto y muchos anticiparon las elecciones en sus provincias, para no comprometerse con el destino de Duhalde, que no pudo alinear detrás de sí, un partido unido y galvanizado. Como en 1983, el peronismo llegó a la elección de 1999 sin líder, y perdió.

Desde 1995, fue creciendo el espacio para una potencial fuerza política opositora, tres derrotas electorales: en Tucumán a manos del gral. Bussi, una figura del proceso: en Chaco, ante los radicales, con el apoyo del FREPASO, y en la Cap Federal, donde la Graciela Fernandez Meijide, del FREPASO, fue electa senadora, con el 46 % de los votos, superando ampliamente a la UCR y al Justicialismo.
Los resultados indicaban varios rumbos posibles, el más novedoso era del FREPASO, que tuvo un notable crecimiento electoral. Allí convergían disidentes del PJ y la UCR, la Unidad Socialista y otros pequeños grupos provenientes de la izquierda o el populismo. El FREPASO nunca llegó a tener una inserción territorial comparable a la de los grandes partidos. Fue un partido de jefes. Poco después de las elecciones, el candidato presidencial, José O Bordón, lo abandonó, Chacho Alvarez, que tenia gran capacidad para desenvolverse ante los medios periodísticos y definir día a día la línea de la agrupación, quedo como dirigente principal, secundado por Graciela Fernandez Meijide y Aníbal Ibarra. El FREPASO entusiasmó a muchos, y fue la expresión de una nueva y muy modesta primavera. Recogió distintas aspiraciones de la sociedad, una renovación de la política y de los hombres, y la Constitución de una fuerza de Centroizquierda, alternativa de los dos partidos tradicionales. Sin repudiar la transformación económica producida, puso el acento en los problemas sociales que generó y en las cuestiones éticas y políticas: la corrupción, el deterioro de las instituciones.

La UCR pasó la crisis que arrastraba desde el catastrófico final de la presidencia de Alfonsin, logró superar las divisiones internas y obtuvo algún éxitos electorales significativos, sobre todo con Fernando de la Rua -imbatible candidato porteño-, electo en 1996 primer Jefe de Gobierno de la Ciudad de Bs As. Desde 1995, la UCR y el FREPASO concentraron su acción parlamentaria, luego establecieron un acuerdo en la Ciudad de Bs As, y empezaron a discutir los términos de una alianza más formal. Sus militantes no aceptaron con facilidad ceder lugares a una fuerza sin historia ni organización partidaria formal. Pero primero la convicción de que juntos, UCR y FREPASO, podían vencer al Justicialismo.

En 1997, crearon la Alianza para la Justicia, el trabajo y la Educación: Tales los ejes de su programa. Concurrieron unidos en 14 de los 24 distritos electorales , y obtuvieron un notable triunfo en las elecciones legislativas, superaron al PJ por 10 puntos, se impusieron en distritos claves, como Entre Rios y Sta Fe, y Graciela Fernandez Meijide, dos veces triunfadora en la Capital, venció en la Provincia de Bs. As a Chiche Duhalde, la esposa del gobernador.
Mientras el justicialismo se desgarraba en su pelea interna, la alianza, avanzó con claridad hacia su triunfo en las elecciones de 1999. En ambas fuerzas y en el interior de cada una, se acordó no cuestionar la convertibilidad, y poner al centro en la recuperación de la equidad social y las instituciones republicanas y en la lucha contra la corrupción. José Luis Machinea, del equipo de Juan Sourrouille, y con buenas relaciones con el, establishment, quedo a cargo del programa económico. Hubo una elección interna abierta por la candidatura presidencial, donde De La Rua, venció ampliamente a Fernández Meijide, y un acuerdo para el reparto de las principales candidaturas y cargos.

Alvarez acompañó en la formula a De La Rua, mientras que en el justicialismo Palito Ortega se encolumnó detrás de Duhalde: Domingo Cavallo creo otra fuerza política, Acción para la República, para organizar el voto del sector de Centroderecha.
En la elección presidencial, De La Rua y Alvarez obtuvieron un triunfo claro: el 48,5% de los votos, casi 10 puntos mas que Duhalde. Al momento de asumir, la Alianza gobernaba en 6 distritos y tenia mayoría en la Cámara de Diputados: el justicialismo tenia amplia mayoría en el senado y controlaba 14 distritos, entre ellos los mas importantes: Bs. As- allí Meijide fracaso ante Carlos Ruckauf-, Sta. Fe y Cordoba, donde los radicales perdieron por primera vez desde 1983. De La Rua recibió un poder limitado en lo político y condicionado por la crisis económica. Pronto se agregó la dificultad para trasformar una alianza electoral en una fuerza gobernante.

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Conclusión:

Luego de un trabajo de investigación, estudio de los hechos históricos de la época, discrepancias surgidas en el grupo propias de distintas ideologías, llegamos a la conclusión de que económicamente las medidas tomadas entre otras:
- frenaron la inflación
- Estabilizo la confianza internacional desbastada en el periodo anterior.
- Produzco, de manera ficticia, la confianza de la sociedad argentina en la economía, sobre todo en lo que se refiere a la micro economía.
- Trato de compatibilizar los distintos grupos de poder, generando políticas acertadas de consenso, lo que produjo un alto nivel de gobernabilidad, sin tener que confrontar en las decisiones a tomar.
Sin embargo estas medidas afectaron seriamente la producción nacional generando consecuentemente desempleo, que a mediados de 2000, llego al tope del 22%, producto de la política monetarista de descentralización y vaciamiento de la industria nacional, por medio, entre otras cosas, de la desmedida privatización de empresas publicas, siguiendo el, paradigma internacional de la época.
Consideramos que si bien, la confianza de la población en la política económica, producto de su dependencia era difícil de modificar, si se hubiesen buscado mecanismos que permitan una inflación responsable y hasta controlada produciendo medios de inserción social para los sectores menos favorecidos por el juego del uno a uno sin producir una brecha desmedida entre los otros sectores que integran la economía, sobre todo en la segunda presidencia, la economía no hubiese desencadenado en una CRISIS PROFUNDA años después y de la cual aun no podemos recuperarnos o lo vamos haciendo con las secuelas que jamás desaparecerán.
En el plano referente a la reforma Constitucional debemos dejar bien de relieve que si bien se intento atenuar el sistema presidencialista, la practica política nos demostró que el Poder Ejecutivo abuso de sus facultades constitucionales para ubicarse siempre un peldaño mas arriba que el resto de los poderes y hasta manejándose con mas impunidad luego de la reforma del 94.
Además debemos recalcar que durante dicho periodo estas políticas de consenso con los factores de poder, produjeron entre otras cosas la total impunidad del poder ejecutivo en todas sus fases generando una importante corrupción difícil de controlar permitiendo la fuga de capitales al exterior y el vaciamiento del patrimonio nacional, y por sobre todas las cosas la eliminación de la oposición política tan importante para el sistema democrático y republicano de gobierno; propio de la ideología peronista.

BIBLIOGRAFIA CONSULTADA

CERUTTI GABRIELA “ EL JEFE , VIDA Y OBRA DE CARLOS MENEM “ PLANETA 1993
PALERMO VICENTE Y MARCOS NOVARO “ POLÍTICA Y PODER EN EL GOBIERNO DE MENEM “ ED. Buenos Aires Norma 1996
SERGIO DE PIERO “IGLESIA Y MENEMISMO ENTRE LA BENDICION Y EL CONFLICTO “ ARGENTINA RECIENTE , MENEMISMO, ACTORES, DEBATES Y TRANSFORMACIONES. ED.. Bs. As. 2004
MARIA LAURA SAN MARTINO DE DROMI “ARGENTINA CONTEMPORÁNEA DE PERON A MENEM” ED. CIUDAD ARGENTINA
HISTORIA VISUAL DE LA ARGENTINA, CD ROOM CLARÍN

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